
En una casa junto a la playa de Tumaco, Clara vuelve de la escuela decidida a resolver un problema que la inquieta: para el Chutún la comida de paquete es la única que sabe bien. Con la ayuda de su mamá Irma, Clara aprende a preparar encocado de piangua al ritmo de un aguabajo. Junto a sus amigos, comparten en la escuela este tesoro culinario y descubren que el probar un bocado, puede transportarlos a un sueño de olas, ritmo y sabor.

En las montañas de Aldana, la familia de Antonio se reúne cada noche alrededor de la tulpa para contar historias. Allí, su papá Pablo revela que el Chutún molesta a Antonio en la escuela, entonces deciden preparar papas con queso, con el cariño y los alimentos de su huerta. Al banquete llegan sus tres amigos y una vista inesperada, el Chutún, quien aparece atraido por el canto, el baile, la lluvia y los aromas de una deliciosa receta.

El Chutún ha desafiado a Daniela a un partido de fútbol. Junto a la Laguna de la Cocha, su mama Flor le cuenta la leyenda del dulce de chilacuán, la fruta que da fuerza para saltar más alto, y con su abuela preparan este manjar tradicional. Allí, en compañía de sus amigos Daniela enfrenta al Chutún y encuentra que el ingrediente secreto para una nueva amistad, vive entre el páramo y las chagras de El Encano.

Entre las montañas de San Lorenzo, Yaider recibe de su padre un legado de maíz multicolor. Él confía que la poesía y las nuevas tecnologías pueden ir de la mano, en la misión de sembrar conocimiento y felicidad. Este libro nos regala el cierre de esta travesía, donde sus protagonistas se convierten en guardianes del alimento que brota de nuestros manglares, páramos, cordilleras y montañas.